UMABEL
No llores mi ángel
pues la fruta madura en los árboles.
La inmensidad del mar está en calma.
Y yo estoy contigo siempre, en tu despertar.
Aunque no despierte a tu lado.
Sigue tu camino.
Cualquier día te escribiré un poema y lo recibirás como es debido.
Un poema más para tu dulce faz.
Y la tierra temblará un rato y no será de frío.
Será de buena onda esperando
que comprendas como comprendí yo
que eres origen y final de todos mis poemas.
Que sólo imaginándome una sonrisa tuya me reconforta.
Que viendo una foto tuya me reconforta.
Y me crecen las alas y salgo del pozo haciendo un tirabuzón.
Pues tienes el don de curar heridas que nunca cicatrizaron.
A.J. Arroyo

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